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09-12-2008
El ADN de las frutas bajo el microscopio

Tal como un padre puede recurrir a un examen de ADN para confirmar su paternidad, los agricultores pueden hacerlo con las plantas. Es decir, a través del genoma saben el origen, la variedad y calidad de varias frutas. Esto cobra importancia debido a la proliferación de variedades y a la necesidad de demostrar internacionalmente la trazabilidad de los productos y también por la creciente preocupación por proteger el derecho de creación de un genetista. (Fuente: Revista del Campo, El Mercurio)

 

 

"La idea surgió porque siempre escuchábamos quejas sobre la gran cantidad de variedades que se confundían. La correcta identidad genética es un aspecto determinante para la comercialización de los productos agrícolas, considerado un factor clave de la calidad. Una de las etapas esenciales de la cadena productiva es la propagación de las plantas en viveros. Allí, la identificación de las variedades desde etapas tempranas, a partir de las plantas madres y bloques de incremento, es clave para establecer un sistema de trazabilidad que garantice la identidad genética de las plantas propagadas y distribuidas a los productores", señala Patricio Hinrichsen de INIA La Platina.

 

Con esta idea de fondo, el Inia en conjunto con el SAG, la Asociación de Productores de Semillas (ANPROS), la Corporación para el Desarrollo Viverístico y dos laboratorios desarrollaron un proyecto Corfo -fingerprint- que estudió e identificó la composición genética de vides, manzanas, nectarines, duraznos, cerezos, ciruelos, frutillas y arándanos. A estas especies agregarán, en el futuro, rubros como cereales, animales y el forestal, entre otros.

 

Garantizando el trabajo

El objetivo del proyecto, que costó $ 300 millones, es que todos los productores y comercializadores de plantas tanto de Chile como del resto del mundo puedan solicitar el estudio para saber con certeza la variedad que están manejando.

 

"Es un tremendo adelanto para los productores. Muchas veces un agricultor compra pensando que es de una determinada variedad y resulta ser otra, por lo que pierde por lo menos tres años de trabajo. Situaciones como ésta se podrán prevenir solicitando un examen a las plantas que adquieren. Esto también puede dar un impulso para la exportación de viveros desde Chile hacia el mundo", explica Isabel Quiroz, directora ejecutiva de IQonsulting.

 

El proyecto dejó como resultado la obtención de los patrones genéticos de más de 500 variedades de frutales con entre 5 y 12 marcadores cada uno, los que fueros almacenados en bases de datos.

 

Una de las etapas claves de este trabajo consistió en establecer la diversidad genética de cada especie, la que en parte está determinada por el subconjunto de variedades elegidas para el estudio.

 

'Otra situación compleja se presentó en algunas especies con variedades derivadas de mutaciones, en donde la diferenciación molecular es más compleja y se requiere estudiar caso a caso. Por ejemplo, en contraste con la facilidad para diferenciar las variedades de vides y manzanos que provienen de cruzamientos genéticos, las clonales son muchas veces indescifrables", dice Hinrichsen.

 

La información recopilada permite que ahora cualquier agricultor que lo necesite pueda pedir un estudio de una determinada planta.

 

Por ahora los análisis los realizan en el Inia por US$ 50 la prueba, aunque en el corto plazo el trabajo lo realizarán los laboratorios Bioscan y Genytec. Esto abre además un posible nuevo negocio.

 

"Los precios son muy bajos en comparación con el resto del mundo, además, la oferta de este tipo de servicios es escasa, por lo que Chile podría incursionar en varios mercados en forma bastante competitiva", agrega Hinrichsen.

 

Potencia la imagen de Chile

Con este sistema el país tiene la posibilidad de garantizarles a los genetistas internacionales que sus variedades estarán protegidas, ya que hay más opciones de fiscalización.

 

"Es un paso importante en términos de protección varietal. Con esto puedes determinar quién te robó el material y, además, te permite mantener una pureza genética. Es algo muy bueno para la imagen de Chile, porque hay una garantía para las creaciones de los genetistas internacionales. En América Latina somos los únicos que contamos con esta herramienta", señala Quiroz.

 

Paralelamente se podrán instrumentalizar las herramientas que respaldan a la nueva ley de propiedad intelectual, lo que permitirá que Chile cumpla con lo comprometido ante la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV).

 

INIA (Instituto de Investigaciones Agropecuarias)

 
 
 
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