El profesor Agúndez y su esposa, la doctora Elena García, ambos académicos de la Universidad de Extremadura, fueron invitados a participar en el curso internacional de postgrado "Farmacocinética y Farmacogenética: su aplicación clínica", organizado por el Centro de Investigaciones Farmacológicas y Toxicológicas (IFT) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, el cual contó con los auspicios del Centro Internacional de Biomedicina (ICC), las sociedades de Farmacología y Genética de Chile.
El doctor Agúndez, líder mundial en esta área de investigación, añade que la farmacogenética está intentando adecuar las dosis a la capacidad metabólica de cada individuo. En otras palabras, pretende que los tratamientos farmacológicos se hagan a la medida.
“En una primera etapa los científicos del mundo identificaron los factores genéticos que hacían que una persona tuviera una capacidad metabólica muy alta o baja, proceso que está en un estado de avance del 95%. Después, la segunda fase consistió en determinar si los factores genéticos se distribuían igual en todas las poblaciones, cosa que, según se pudo comprobar, no ocurre. Ya se sabe que las personas de raza negra tienen determinadas mutaciones que no poseen los caucásicos y lo mismo pasa con los orientales”, explica el doctor Agúndez.
Esta fase también está bastante adelantada, mientras que la tercera etapa, que pretende efectuar el enlace entre los factores genéticos y la presentación de efectos adversos a cada fármaco, recién está iniciándose. “Esta es la fase más importante y complicada porque hay que analizar uno a uno los medicamentos disponibles en el mercado”, plantea el investigador europeo.
La relevancia de esto está a la vista: por ejemplo el ibuprofeno, un antiinflamatorio de uso masivo que se vende sin receta, puede provocar en algunas personas hemorragias digestivas severas que podrían evitarse si a cada paciente se le aplicara un test previo, el que permitiría determinar si el sujeto tendrá o no incapacidades para metabolizar el medicamento.
“Cada mil pacientes que consumen ibuprofeno, cinco tienen hemorragias digestivas que requieren de hospitalización. Según nuestros estudios el costo de internar a cada uno de estos pacientes es tan alto que permitiría realizar un test genético a cinco mil personas”, apunta el doctor Agúndez.
De hecho, ya se han diseñado varios kits para detectar mutaciones asociadas a efectos adversos en las dosis de medicamentos específicos, los cuales están destinados a combatir enfermedades como el cáncer y la depresión, entre otras.
“Buena parte de las industria farmacéutica, al momento de realizar los ensayos clínicos, solicitan a los grupos de estudio que incluyan análisis de genotipos, ya que reconocen la importancia de la farmacogenética”, comenta el especialista español.
Añade que para desarrollar la tercera fase es necesario que los médicos notifiquen las reacciones adversas de sus pacientes o la falta de respuesta al tratamiento, de manera que los investigadores puedan hacer los estudios necesarios para seguir avanzando en este arduo camino.
Finalmente, el doctor Agúndez, durante su estadía en Chile, también dictó la conferencia Farmacogenómica del cáncer colorrectal: de la resistencia metabólica a la genómica, que ofreció a la comunidad universitaria en el Aula Magna de la Facultad de Medicina el jueves 6 de diciembre.
|